¿Por qué tengo antojos?
¿Es culpa de un déficit calórico?
A menudo se presume que el hambre voraz surge principalmente de un déficit calórico. Sin embargo, los hallazgos científicos muestran que esto no siempre es así. Un estudio de 2020 sugiere que un déficit energético rara vez es la única causa de los ataques de hambre.¹ En la mayoría de los países industrializados, de todos modos, rara vez nos enfrentamos a un hambre real, ya que los alimentos están disponibles en cualquier momento. De hecho, son más bien procesos hormonales los que influyen en nuestro apetito y nuestro deseo por ciertos alimentos. El cuerpo está programado para reaccionar a los cambios en los niveles de azúcar en la sangre y nos señala hambre a través de la liberación de la hormona grelina. Este mecanismo provoca que nuestro estómago gruñe y creemos que debemos comer urgentemente, incluso cuando nuestro cuerpo aún tiene suficientes reservas de energía.
Tu cuerpo busca nutrientes
A menudo, detrás de un antojo repentino no hay hambre real, sino una necesidad del cuerpo de ciertos nutrientes. Cuando tu cuerpo no está adecuadamente nutrido, por ejemplo, con macronutrientes como proteínas o micronutrientes como magnesio, esto puede llevar a que busque energía rápida en forma de dulces o alimentos grasos. Esta deficiencia le señala a tu cerebro que es hora de alimentarse para compensar los déficits.
3. La falta de sueño como estimulante del apetito
La falta de sueño puede tener un impacto significativo en nuestras hormonas, especialmente en la leptina y la grelina, que son responsables de la regulación de nuestra sensación de hambre. Mientras que la leptina aumenta la sensación de saciedad, la grelina hace que sintamos hambre. Si el sueño no es suficiente, este equilibrio se altera: el nivel de grelina aumenta, mientras que la producción de leptina disminuye. Por lo tanto, el sueño no solo es esencial para tu recuperación, sino también para una alimentación consciente.²
4. Fluctuaciones de glucosa en sangre como causa de antojos
Una dieta desequilibrada, rica en carbohidratos simples, puede llevar a fuertes fluctuaciones de azúcar en la sangre. Después de una comida rica en azúcar, el nivel de azúcar en la sangre se dispara, pero luego cae igual de rápido. Esta pérdida repentina de energía le señala a tu cuerpo que necesita urgentemente nueva energía, lo que se manifiesta en forma de antojos de alimentos dulces o grasos. Una solución a largo plazo consiste en mantener el azúcar en la sangre estable a través de una dieta equilibrada con proteínas, fibra y grasas saludables.
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